En este día de hoy, 8 de marzo, tendría que sentirme orgullosa como mujer por tener la oportunidad de tomar la calle con nuestras voces y nuestros cuerpos. De poder gritarle al heteropatriarcado neoliberal que estamos hartas:
hartas de los femicidios en el mundo;
hartas de las violaciones masivas a mujeres y niñas;
hartas de que este sistema decida por nosotras;
hartas de que en las crisis económicas seamos nosotras las más afectadas;
hartas del trabajo precario;
hartas de que algunas de las mujeres que han conseguido un status o un puesto laboral importante reproduzcan todos los comportamientos patriarcales;
hartas de la discriminación a mujeres de otras etnias y culturas;
de la criminalización a las mujeres migrantes y/o sin papeles;
del odio hacia las mujeres transexuales y hacia las lesbianas;
del acoso sexual en el trabajo (en caso de que lo tengamos);
de que nos ignoren en todos los aspectos por tener más de 60 años;
de que en la mayoría de las consultas ginecológicas nos traten con desprecio y no nos den ninguna información;
de que el médico nos diga que “tienes depresión” y no reconozca tu fibromialgia;
de que nos excluyan en la toma de decisiones, sea en el trabajo, en una asociación mixta o en la familia;
de que tengamos que ser delgadas y usar cremas antiarrugas para encajar en el cánon de “feminidad”; y de que, por no encajar en estos mismos parámetros, nos miren mal;
de que nuestra pareja nos controle cada vez que queramos decidir o hacer algo por nuestra cuenta;
de que el cerdo baboso de turno nos diga alguna grosería por la calle o nos toque el culo en el autobús;
de que seamos nosotras las criminales por defendernos de un agresor;
de que por ser madre soltera no tengamos derechos a recibir ayudas;
de que, por ser jubiladas y estar solas, el cabrón del dueño o la inmobiliaria nos haga mobbing para tirarnos del piso donde hemos vivido toda nuestra vida;
de que después de trabajar o buscar trabajo durante todo el día lleguemos a casa y tengamos que hacerle la cena al marido y a lxs hijxs;
de que cuando, nos acostamos agotadas al final del día, nos llame nuestro hermano para decirnos que no puede ir a cuidar esta noche a “los papás” porque él mañana tiene que madrugar para ir al trabajo y tenemos que cuidarlxs nosotras.
Estamos hartas de sentirnos una mierda en esta sociedad.
Y digo que tendría que estar orgullosa de poder gritar todo esta rabia acumulada porque cuando llega la hora y acudo a la manifestación, de pronto, siento como si acudiera a la típica celebración de boda o comunión, donde muchas se reencuentran después de la anterior manifa y se cuentan lo monísimas que estamos y el frío que hace esa tarde. Y pienso, estoy harta también de esto.
En fin, qué triste…



